16 de julio de 2026 – El Grupo de Acción Financiera Internacional (FATF) publicó su séptimo informe actualizado sobre la implementación de los estándares para activos virtuales. El mensaje del informe resulta claro y, al mismo tiempo, paradójico: el marco jurídico global para la regulación de los criptoactivos avanza a una velocidad sin precedentes, pero el volumen de fondos ilícitos que las organizaciones criminales canalizan mediante estas mismas tecnologías crece a un ritmo todavía mayor.
Esta paradoja constituye el núcleo del problema actual en la gobernanza de la prevención del lavado de dinero (AML) y de la financiación del terrorismo (CFT) dentro del ecosistema crypto: la brecha estructural entre el progreso legislativo y la eficacia real de la aplicación de las normas.
Magnitud cuantitativa de los flujos ilícitos y evolución del crimen
Según datos de Chainalysis, las direcciones ilícitas de criptomonedas recibieron al menos 154.000 millones de dólares durante 2025, lo que representa un crecimiento del 162% respecto a 2024. TRM Labs ofrece una estimación ligeramente superior, situando la cifra en 158.000 millones de dólares. Independientemente de la metodología utilizada, la conclusión permanece invariable: el volumen absoluto de fondos ilícitos en criptoactivos ya se mide en cientos de miles de millones de dólares.
Más relevante aún resulta el cambio estructural en la composición de los activos utilizados. Las stablecoins han desplazado a Bitcoin como el activo virtual más empleado en operaciones ilegales. Chainalysis señala que, de los 154.000 millones de dólares movilizados ilícitamente durante 2025, aproximadamente el 84% correspondió a stablecoins. TRM Labs añade que las entidades ilícitas recibieron 141.000 millones de dólares en stablecoins durante ese mismo año, el mayor volumen registrado en los últimos cinco años.
La evolución de las técnicas criminales también merece especial atención. La FATF advierte que los delitos relacionados con criptoactivos se han vuelto «más sofisticados e interconectados» durante el último año. Las redes dedicadas a estafas se entrelazan con estructuras de fraude de inversión, mientras que los operadores de mercados de la darknet migran progresivamente hacia protocolos DeFi para eludir los controles KYC aplicados por los exchanges centralizados.
Un caso emblemático corresponde a un grupo financiero con base en Camboya, que entre 2021 y 2025 habría lavado al menos 4.000 millones de dólares mediante fraudes organizados, banca clandestina y redes de transferencia apoyadas en blockchain.
Avances regulatorios: cifras y realidades
Desde el punto de vista legislativo, la construcción del marco regulatorio mundial muestra avances cuantificables.
Hasta abril de 2026, de las 149 jurisdicciones evaluadas por la FATF, 51 (equivalentes al 34%) obtuvieron la calificación de «sustancialmente cumplidoras«, frente al 29% registrado durante 2025.
Asimismo:
- El 83% de las jurisdicciones evaluadas ya adoptó legislación para implementar la denominada Travel Rule.
- Otro 11% se encuentra actualmente en proceso de implementación.
- La realización de evaluaciones nacionales de riesgo sobre activos virtuales aumentó del 76% al 86%.
Sin embargo, estas cifras esconden importantes deficiencias estructurales durante la fase de aplicación.
En primer lugar, el incremento en las calificaciones se concentra principalmente en el cumplimiento técnico, es decir, en la aprobación de textos legales. La propia FATF subraya que persisten «brechas significativas» para convertir esas evaluaciones de riesgo en medidas concretas capaces de reducir efectivamente el crimen financiero.
De las 91 jurisdicciones que ya incorporaron la Travel Rule, 55 (el 60%) todavía no han emitido observaciones supervisoras, directrices regulatorias ni acciones de cumplimiento relacionadas con su aplicación. La desconexión entre la existencia formal de la norma y su ejecución constituye un fenómeno claramente sistémico.
En segundo lugar, los regímenes de licenciamiento también muestran retrasos importantes.
Aunque el 73% de las jurisdicciones exige licencias para los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (VASP), únicamente el 58% ha concedido licencias efectivas, mientras apenas el 40% cumple plenamente con los estándares exigidos durante las evaluaciones mutuas.

En tercer lugar, la eficacia de los marcos prohibitivos continúa siendo cuestionable.
Actualmente, el 23% de las jurisdicciones prohíbe la operación de VASP, frente al 11% registrado en 2023. No obstante, la FATF concluye que estas jurisdicciones siguen enfrentando enormes dificultades para identificar y sancionar la actividad ilícita desarrollada por operadores no autorizados. Prohibir una actividad no equivale necesariamente a regularla de manera eficaz.
Cambio en el foco del cumplimiento y evidencia cuantitativa
El panorama supervisor experimenta una transformación estructural.
Según el informe publicado por CertiK el 28 de abril de 2026, el cumplimiento en materia de AML ha desplazado a las infracciones relacionadas con valores mobiliarios como el principal riesgo regulatorio para las empresas crypto.
Durante el primer semestre de 2025, el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) y la Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN) impusieron sanciones relacionadas con AML por aproximadamente 900 millones de dólares.
En ese mismo periodo, las multas aplicadas por la SEC vinculadas a criptoactivos descendieron un 97% interanual hasta situarse en 142 millones de dólares.
Entre los casos más relevantes destacan:
- OKX, que alcanzó un acuerdo por 504 millones de dólares con el DOJ en febrero de 2025.
- KuCoin, que aceptó pagar 297 millones de dólares en enero de 2025 por operar sin licencia y vulnerar la Bank Secrecy Act.
En Europa, las sanciones relacionadas con AML aumentaron un 767% durante ese mismo periodo, mientras que el volumen de transacciones vinculadas a sanciones internacionales mediante criptoactivos creció más del 400% interanual.
Estos datos evidencian que la estrategia de los supervisores ha cambiado profundamente: el foco ya no reside tanto en la clasificación jurídica de los activos como en la supervisión de los flujos financieros.
Como consecuencia, la eficacia de los sistemas de monitoreo transaccional y de los controles internos adquiere una relevancia superior al mero cumplimiento documental.
El doble desafío: tecnología y jurisdicción
El retraso en la aplicación efectiva de las normas no responde únicamente a una implementación deficiente, sino también al hecho de que la evolución técnica de los delincuentes supera constantemente la capacidad de respuesta de los reguladores.
Uno de los ejemplos más representativos corresponde al surgimiento de las llamadas stablecoins resistentes al congelamiento.
La FATF informa que, después de que un importante emisor congelara más de 29 millones de dólares pertenecientes a una organización criminal, dicho grupo desarrolló su propia stablecoin vinculada al dólar.

Este nuevo activo fue diseñado específicamente para impedir congelamientos, desplegándose sobre múltiples blockchains públicas junto con una cadena propietaria.
La FATF advierte que ya no puede asumirse que las autoridades siempre podrán congelar o destruir activos actuando sobre el emisor.
Otro riesgo sistémico proviene del vacío regulatorio existente en DeFi.
El informe específico publicado por la FATF el 21 de julio de 2026 indica que cerca del 93% de las jurisdicciones analizadas todavía no aplica los estándares del organismo a aquellos protocolos DeFi que cumplen los criterios regulatorios establecidos.
De las 142 jurisdicciones evaluadas:
- Solo 26 realizaron evaluaciones de riesgo.
- Apenas 4 establecieron normas de licenciamiento.
- Únicamente 2 registraron o autorizaron formalmente plataformas relevantes.
Mientras tanto, el valor total bloqueado (TVL) en DeFi alcanza aproximadamente 86.600 millones de dólares durante 2026, lo que representa un crecimiento cercano al 85% respecto a 2023.
La diferencia entre ese volumen económico y la cobertura regulatoria constituye un riesgo considerable.
Los VASP offshore presentan dificultades similares.
En su informe de marzo de 2026, la FATF destaca que las debilidades en la supervisión internacional están siendo explotadas masivamente para actividades de fraude, lavado de dinero y financiación del terrorismo.
La cooperación transfronteriza y el intercambio efectivo de información continúan siendo uno de los principales desafíos.
La incorporación de inteligencia artificial agrava aún más el panorama.
La FATF identifica el uso creciente de deepfakes, identidades sintéticas y sistemas automatizados de captación de víctimas, tecnologías que incrementan significativamente la capacidad operativa de las organizaciones criminales.
Reconfiguración de la estrategia de cumplimiento
Frente a estos desafíos estructurales, la estrategia de cumplimiento del sector crypto requiere una transformación profunda.
En primer lugar, el cumplimiento debe abandonar un enfoque reactivo basado en responder únicamente cuando aparece una sanción regulatoria. La estrategia debe incorporar las obligaciones regulatorias desde el propio diseño de la infraestructura tecnológica.
La FATF advierte que el problema de la Travel Rule ya no consiste en determinar si la ley existe, sino en verificar si alguien realmente supervisa su cumplimiento.
En segundo lugar, los emisores de stablecoins deberían integrar funciones técnicas de cumplimiento desde las primeras fases de desarrollo.
La FATF recomienda que las jurisdicciones exijan capacidades técnicas para congelar, destruir o bloquear activos cuando resulte necesario, incorporando funciones como listas blancas (allowlists) y listas negras (denylists) directamente en los smart contracts.
En tercer lugar, los proyectos DeFi deben afrontar la realidad del concepto de control efectivo.
La FATF deja claro que, cuando existen personas identificables que conservan control o influencia suficiente sobre un protocolo, los estándares regulatorios ya resultan aplicables, independientemente del grado de descentralización que el proyecto afirme poseer.
Muchos protocolos DeFi todavía mantienen elementos claramente centralizados, como concentración de tokens de gobernanza, privilegios administrativos o capacidad de actualizar contratos inteligentes.
Finalmente, la cooperación internacional debe convertirse en una prioridad estratégica.
La FATF destaca que las jurisdicciones donde opera aproximadamente el 97% del mercado mundial de activos virtuales determinan, en gran medida, el nivel global de riesgo.
Los operadores deberían establecer estructuras sólidas de cumplimiento precisamente en esas jurisdicciones, en lugar de apoyarse en estructuras offshore para minimizar obligaciones regulatorias.
El séptimo informe actualizado de la FATF dibuja un panorama inequívoco: el marco jurídico internacional para los criptoactivos avanza con rapidez, pero la aplicación efectiva de esas normas continúa rezagada frente a la velocidad con la que evolucionan las organizaciones criminales.
Los delincuentes aprovechan las limitaciones del congelamiento de stablecoins, las brechas regulatorias existentes en DeFi, las deficiencias jurisdiccionales de los VASP offshore y las capacidades que aporta la inteligencia artificial, adaptándose sistemáticamente más rápido que los organismos supervisores.
La verdadera ventaja competitiva pertenecerá a aquellas entidades que desarrollen sistemas sólidos de control antes de que lleguen las próximas acciones regulatorias. La velocidad con la que la legislación persigue al crimen resulta importante, pero la carrera definitiva entre regulación y delincuencia dependerá, en última instancia, de la profundidad con la que la propia industria decida incorporar el cumplimiento normativo como parte esencial de su arquitectura.




