El ecosistema Ethereum enfrenta una recalibración de su tesis de escalado. La hoja de ruta centrada en Rollups, formalizada en 2020, operaba bajo el supuesto de que la Capa 1 (L1) actuaría como un tribunal de última instancia, mientras que las Capas 2 (L2) absorberían la totalidad del excedente transaccional.
Los datos de actividad on-chain y la evolución del core protocol durante 2025 y 2026 invalidan parcialmente este supuesto. El problema no reside en la eficiencia de los Rollups para comprimir datos, sino en la incapacidad del mercado para valorar la seguridad descentralizada y en la aceleración de la escalabilidad nativa de la L1.
El indicador más relevante de esta disfunción es la divergencia entre el Throughput de Usuario (UOPS) y el Valor Total Bloqueado (TVL). Los Rollups procesan actualmente más de 3.400 operaciones por segundo, superando en volumen a la red principal. Sin embargo, el TVL agregado del ecosistema L2 ha descendido a cifras cercanas a los 50.000 millones de dólares en el tercer trimestre de 2026, lo que representa una contracción interanual superior al 13%.
Esta correlación inversa sugiere que los Rollups están siendo utilizados como canales de ejecución de baja fricción, pero no como capas de liquidación de alto valor. El costo de oportunidad de mantener liquidez en un entorno L2, sujeto a puentes y mecanismos de seguridad multigiro, resulta superior al beneficio derivado de la reducción del gas.
La Centralización como Subproducto Económico
El filtro de descentralización impuesto por Vitalik Buterin a través de los estadios (Stage 0, 1 y 2) ha expuesto una realidad operativa. La mayoría de las cadenas L2 se mantienen en Stage 0 o Stage 1, dependiendo de consejos de seguridad multisig y secuenciadores centralizados para la ordenación de transacciones.
La resistencia a migrar a Stage 2 no obedece exclusivamente a limitaciones técnicas en la generación de pruebas de fraude o validez. Existe un incentivo económico estructural: la retención del control sobre el secuenciador permite a los operadores capturar el Valor Extraíble del Secuenciador (SEV) y gestionar la liquidez sin exponerse a la finalidad inmediata de la L1.
Mantener un sistema en Stage 0 o 1 reduce los costos operativos de infraestructura y otorga flexibilidad para actualizar el código sin someterse a los tiempos de la gobernanza de la L1. Esta lógica de negocio colisiona con la narrativa original del «Rollup como extensión de Ethereum». Si un Rollup retiene la capacidad de congelar o modificar el estado mediante una clave privada, su modelo de seguridad se asimila más al de una sidechain custodiada que al de una verificación sin confianza.
La Reducción del Costo de Oportunidad en L1
El avance en la escalabilidad de la Capa 1 altera el ratio costo-beneficio de las L2. La implementación de EIP-4844 (Blobs) redujo drásticamente los costos de publicación de datos, pero la posterior propuesta de elevación del límite de gas a 80 millones, y el objetivo proyectado de 10.000 TPS para la L1 en la hoja de ruta Strawmap de Justin Drake, modifican el perímetro de competencia.
Un incremento en la capacidad de la L1 reduce el precio de congestión en el espacio de bloques. Cuando el gas en L1 desciende por debajo de ciertos umbrales, la ventaja comparativa del Rollup en términos de ahorro de costos se diluye. La ecuación de escalado no puede basarse únicamente en la compresión de datos si la capa base incrementa su ancho de banda nativo.
Este fenómeno provoca que los Rollups de propósito general enfrenten una commoditización de su servicio: al no ofrecer diferencias sustanciales en la ejecución de la EVM, compiten exclusivamente por precio, lo que erosiona sus márgenes y desincentiva la inversión en investigación de pruebas de conocimiento cero.
El Cambio hacia el Rollup Nativo (EIP-8079)
La propuesta de Rollup Nativo, materializada parcialmente en la discusión de la precompilación EXECUTE (EIP-8079), propone una reasignación del rol de validación. En lugar de que el Rollup envíe un estado y espere una verificación externa, la L1 ejecutaría una re-ejecución del bloque L2 a través de esta precompilación.
Este diseño implica dos consecuencias técnicas:
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Estandarización del verificación: La validez del bloque L2 dependerá del cliente de ejecución de Ethereum, no de un contrato inteligente específico del proyecto. Esto elimina la necesidad de que cada Rollup implemente su propio sistema de pruebas, delegando la responsabilidad al protocolo base.
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Reducción de la dependencia de puentes: Al ser verificada directamente por el consenso de L1, la transferencia de activos entre L1 y L2 se simplifica, eliminando los períodos de desafío de 7 días característicos de los Optimistic Rollups.
Sin embargo, la adopción del Rollup Nativo presenta una barrera de entrada. Obliga a los equipos a alinear sus ciclos de actualización con los hard forks de Ethereum, eliminando la flexibilidad para implementar parches de emergencia sin pasar por la gobernanza de la L1. Para proyectos que operan en sectores de alto riesgo (DeFi complejo o gaming), esta rigidez supone un riesgo operativo que muchos no están dispuestos a asumir.
Especialización Funcional vs. Escalado Horizontal
Vitalik Buterin ha sugerido un cambio de paradigma: las L2 deben dejar de ser vistas como «fragmentos de marca» de Ethereum y convertirse en entornos de ejecución especializados. Esto implica abandonar la competencia por el volumen transaccional y centrarse en verticales que la L1 no puede optimizar por sí sola:
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Privacidad: Implementación de pruebas ZK para ocultar el remitente o el monto, algo que la L1 pública no puede ofrecer.
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Lógica de aplicación específica: Motores de juego con tiempos de bloque submilisegundos o exchanges con ordenes límite fuera del entorno AMM.
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Lenguajes VM alternativos: Entornos que no sean EVM (WASM, Move) pero que liquiden activos en la L1 de Ethereum.
Este reposicionamiento implica aceptar que el ecosistema no escalará como una única máquina de estado global, sino como un conjunto heterogéneo de capas de ejecución con distintos niveles de confianza. La interoperabilidad dejará de ser un proceso automático y pasará a ser un problema de enrutamiento y verificación de estados, donde el usuario final deberá evaluar el riesgo de cada salto entre capas.
El modelo de escalado exclusivamente basado en Rollups ha llegado a un punto de rendimientos decrecientes. Los datos demuestran que la actividad económica en L2 no se traduce en una captura de valor proporcional para la seguridad de la red principal, y la lentitud en la descentralización de los secuenciadores introduce un riesgo contraparte que la narrativa original del «trustless» no puede sostener.
La industria se enfrenta a una bifurcación estratégica: o se acepta que los Rollups son, en esencia, bases de datos centralizadas con verificación perezosa, o se adopta la infraestructura de Rollup Nativo para homogeneizar la seguridad, sacrificando la velocidad de iteración. La tercera vía, propuesta por Buterin, implica la diferenciación funcional, donde el Rollup deja de ser un sustituto de la L1 y se convierte en un acelerador de casos de uso específicos.

El mercado ya ha manifestado su preferencia: la liquidez se refugia en los pocos Rollups con mayor cuota de mercado (Base, Arbitrum, Optimism), mientras el resto del ecosistema enfrenta una «trampa de subsidios» que no podrá mantener a largo plazo. La evolución técnica hacia el Rollup Nativo es inevitable si se desea preservar la premisa de la herencia de seguridad, pero su implementación chocará con los intereses comerciales de los operadores actuales.
El sector debe asumir que el escalado de Ethereum no es un problema de ingeniería de compresión de datos, sino un problema de teoría de juegos entre la L1 y sus operadores. La descentralización no es un atributo binario que se alcance por defecto, sino un costo operativo que muchos participantes han decidido no asumir. El futuro de la red dependerá de la capacidad del protocolo base para imponer reglas de verificación sin eliminar los incentivos para la innovación en la capa de ejecución.





