Durante décadas, los bancos multilaterales de desarrollo construyeron su autoridad sobre un modelo que el mundo financiero aceptó sin demasiada discusión: concentrar capital institucional, asumir los riesgos que el sector privado rechazaba y trasladar recursos hacia economías que difícilmente los obtenían solas. Ese modelo funcionó. Y durante mucho tiempo, la pregunta sobre su vigencia ni siquiera era necesaria.
Pero el avance de la tokenización de activos financieros y de las finanzas descentralizadas —conocidas como DeFi— cambia las condiciones del debate. No porque destruya lo que los multilaterales hacen, sino porque reduce el perímetro exclusivo en el que lo hacen.
Cuando un contrato inteligente puede programar pagos de forma automática, fraccionar un bono en miles de unidades más pequeñas y conectar a un emisor en Bogotá con un inversionista en Singapur sin pasar por una ventanilla institucional, la intermediación tradicional pierde parte de su razón de ser.
La pregunta que sigue no es filosófica: ¿qué hace exactamente el intermediario en ese proceso? Y más importante: ¿qué puede hacer que el mercado digital no puede hacer por sí solo?
El valor que queda cuando desaparece la exclusividad del canal
La respuesta honesta es que los multilaterales no desaparecen, pero pierden el monopolio del acceso al capital. Y ahí está el núcleo del problema. Instituciones como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo no aportan solo dinero.
Aportan legitimidad, evaluación de riesgo, estándares técnicos y credibilidad ante mercados que aún desconfían de proyectos en economías con poca historia crediticia. En mercados emergentes, donde la asimetría de información sigue siendo alta, ese rol conserva un peso real.
Sin embargo, ese peso no es eterno. A medida que los mercados digitales maduran y los mecanismos de verificación en cadena se vuelven más sofisticados, la ventaja comparativa de los multilaterales se erosiona. Por eso, el debate no es sobre si van a sobrevivir —probablemente sí—, sino sobre en qué forma y con qué funciones.
Tres caminos concretos se abren frente a ellos. El primero es convertirse en emisores de instrumentos tokenizados. El Banco Europeo de Inversiones ya exploró emisiones de bonos en blockchain, lo que sugiere que el modelo puede escalar. Bajo esa lógica, los multilaterales no abandonarían su función de financiadores, pero la ejercerían a través de estructuras más eficientes, con mayor liquidez y acceso global.

El segundo camino es su rol como certificadores de proyectos tokenizados. En un entorno donde la confianza sigue siendo un factor que los mercados digitales no han resuelto del todo, estas instituciones podrían actuar como garantes de calidad: evaluando riesgos, estructurando instrumentos y asegurando que los flujos financieros estén respaldados por fundamentos sólidos. Esa función sería especialmente valiosa en economías donde la debilidad institucional local todavía genera desconfianza entre los inversionistas.
El tercero —y quizás el más relevante a largo plazo— es su papel en la estandarización regulatoria global. A medida que distintos países avanzan en marcos legales para activos digitales, la fragmentación normativa se convierte en un obstáculo real para la integración financiera. Organismos como el Fondo Monetario Internacional ya comenzaron a analizar el fenómeno.
Los multilaterales, con su presencia en múltiples jurisdicciones y su capacidad de articulación política, están en posición de impulsar estándares que faciliten la interoperabilidad entre mercados tradicionales y digitales.
América Latina: Donde el debate es necesario
Para América Latina, la discusión no es abstracta. La región enfrenta mercados financieros poco profundos y costos de financiamiento históricamente altos. Eso ha justificado, durante décadas, la presencia activa de organismos multilaterales.
Sin embargo, la tokenización abre alternativas que antes simplemente no existían: la posibilidad de canalizar capital directamente hacia proyectos de infraestructura, energía o vivienda, sin depender de ciclos de aprobación institucional que pueden tardar años.
Eso no significa que los multilaterales sobren en la región. Significa que su función debe redefinirse. En lugar de ser únicamente proveedores de financiamiento, podrían convertirse en lo que algunos analistas llaman arquitectos de mercado: diseñando estructuras financieras híbridas, combinando instrumentos tradicionales con activos digitales y facilitando la integración entre ambos mundos.
Para proyectos de gran escala —una represa, una red de transporte, un programa de vivienda social—, la combinación de garantías multilaterales con estructuras tokenizadas podría reducir costos y ampliar la base de inversionistas de forma considerable.

Además, en varios países de la región la debilidad regulatoria frente a los activos digitales sigue siendo un problema. Ahí los multilaterales tienen un rol que los mercados privados no pueden cubrir: el de presionar por marcos legales más claros, homogéneos y funcionales, que permitan a los mercados locales integrarse con los flujos de capital digital global sin quedar expuestos a riesgos innecesarios.
Por supuesto, ninguna de estas transiciones ocurre automáticamente. Requieren que las propias instituciones reconozcan que su modelo operativo enfrenta presión real, y que la respuesta no está en resistir el cambio sino en reposicionarse dentro de él. Las burocracias institucionales tienden a moverse despacio. Y en un mercado que se mueve rápido, la lentitud tiene un costo.
El multilateralismo financiero no enfrenta una crisis de relevancia. Enfrenta una crisis de formato. Las instituciones que entiendan eso primero, y actúen en consecuencia, tendrán más que decir en el sistema financiero que viene. Las que no lo hagan seguirán existiendo, pero en un rol cada vez más marginal: presentes en el organigrama, ausentes en las decisiones que importan.
Más que desaparecer, el futuro de los multilaterales estará en la convergencia entre su solidez institucional y la eficiencia de los nuevos mercados. La pregunta es si llegarán a tiempo.





