La Comisión Europea estima que cerca de 10 billones de euros permanecen en depósitos bancarios de hogares de la eurozona, con una remuneración que en la mayoría de los casos no supera el 1% anual.
La presidenta Ursula von der Leyen calificó estos fondos como “dinero inactivo” y propuso la Unión de Ahorros e Inversiones (SIU) con el objetivo de canalizar hasta 470.000 millones de euros adicionales hacia empresas europeas, defensa y transición energética.
Para el sector cripto, la pregunta relevante no es si la tokenización puede movilizar ese capital, sino en qué medida puede hacerlo sin repetir los errores estructurales que mantienen a los hogares europeos fuera de los mercados de capitales.
El diagnóstico del BCE: la barrera no es la falta de productos, sino la percepción de riesgo
El Banco Central Europeo publicó en septiembre de 2026 un informe basado en encuestas de finanzas de hogares y expectativas del consumidor. Los datos son concluyentes: alrededor del 80% de los hogares de la eurozona no posee acciones ni fondos de inversión.
Entre los hogares con capacidad financiera para invertir, el riesgo percibido es el principal obstáculo, seguido por el conocimiento financiero limitado y la baja confianza en los mercados. La propia institución señala que una cultura financiera débil retroalimenta tanto la desconfianza como la aversión al riesgo.
El diferencial con Estados Unidos se amplía a medida que aumenta la riqueza: entre el quintil más alto, más del 65% de los estadounidenses posee instrumentos de mercado, frente a menos del 45% en la eurozona.
La conclusión del BCE es que la asequibilidad no explica por sí sola esta brecha; intervienen los hábitos de inversión, el diseño de los productos y la arquitectura de los sistemas de pensiones nacionales.
Instrumentos de tokenización con aplicación directa
La tokenización de depósitos bancarios representa la vía más inmediata para introducir eficiencia sin abandonar el perímetro regulatorio. Monument Bank, una entidad británica orientada a clientes con patrimonios de entre 50.000 y 5 millones de libras, planea tokenizar 250 millones de libras en depósitos minoristas sobre la red Midnight, una blockchain de capa uno centrada en privacidad mediante pruebas de conocimiento cero.
Los fondos permanecen en el banco, siguen generando intereses y mantienen la cobertura del Financial Services Compensation Scheme hasta 120.000 libras por persona.
El proyecto, anunciado en marzo de 2026, acumula un retraso de varios meses debido a la dificultad para encontrar un custodio institucional que cumpla los estándares de la Financial Conduct Authority y gestione las pruebas de privacidad.
Este cuello de botella ilustra un problema recurrente: la infraestructura de custodia para activos tokenizados en Europa aún no alcanza la madurez operativa que exige el sector regulado.
En el ámbito de los fondos del mercado monetario tokenizados, la fintech francesa Spiko ha demostrado tracción comercial con un modelo dirigido a pequeñas y medianas empresas.
Spiko alcanzó 400 millones de dólares en activos bajo gestión en doce meses, con más de 900 millones de dólares en capital circulante procesado para más de 1.000 empresas.
Sus fondos están respaldados por letras del Tesoro de gobiernos de la eurozona o del Tesoro estadounidense, activos considerados libres de riesgo de crédito y con liquidez diaria. La arquitectura tokenizada permite transferencias 24/7 y operaciones con stablecoins como método de fondeo o retiro.
El cofundador de Spiko, Paul-Adrien Hyppolite, señaló que en Europa persiste la creencia errónea de que el dinero no genera rendimiento a menos que se bloquee o se asuma riesgo, cuando en realidad mantener efectivo inactivo con tasas de política monetaria positivas implica un coste de oportunidad cuantificable.
Las stablecoins reguladas complementan este ecosistema
EURC, emitida por Circle bajo la figura de e-money token (EMT) conforme a MiCA, superó los 400 millones de euros en circulación en agosto de 2026, con una capitalización que se duplicó en el último año.
La regulación europea exige que los emisores de EMT sean entidades de dinero electrónico o instituciones de crédito autorizadas, con reservas segregadas y supervisión prudencial.
EURC opera en redes principales y está integrada en plataformas institucionales como Coinbase y Kraken, así como en redes de pago de Mastercard y Visa.
La infraestructura institucional avanza, pero la fragmentación regulatoria persiste
Deutsche Börse Group y Kraken formalizaron en diciembre de 2025 una alianza estratégica que abarca trading, custodia, liquidación y activos tokenizados.
El acuerdo contempla la distribución de valores depositados en Clearstream —el brazo de custodia del grupo alemán, con más de 23 billones de dólares en activos bajo custodia— en formato tokenizado hacia la base de clientes de Kraken.
Deutsche Börse adquirió además una participación del 1,5% en Payward, la matriz de Kraken, por 200 millones de dólares.
En el ámbito soberano, el Fondo Soberano Intergeneracional de Luxemburgo (FSIL) asignó 1% de su cartera, aproximadamente 9 millones de euros, a ETF de Bitcoin, convirtiéndose en la primera entidad estatal de la eurozona en adoptar esta exposición.
Sin embargo, el marco regulatorio global permanece fragmentado. Mientras MiCA clasifica las stablecoins como EMT o ART y reserva la emisión de EMT a entidades de crédito o dinero electrónico, la GENIUS Act estadounidense establece un régimen federal con requisitos de reserva del 100% en activos líquidos y divulgación mensual.
Los depósitos tokenizados ocupan un espacio aún más ambiguo: en algunas jurisdicciones se tratan como pasivos bancarios convencionales, mientras que en otras se consideran instrumentos digitales que requieren supervisión adicional.
Esta falta de alineación genera complejidad operativa para las instituciones que operan en múltiples mercados y limita la escalabilidad de los modelos tokenizados.
La dimensión que la tecnología no resuelve
La tokenización reduce la fricción operativa, disminuye costes de transferencia y habilita liquidación atómica. Estos son avances medibles.
Lo que no modifica es la percepción de riesgo que el BCE identifica como barrera principal. Un hogar que desconfía de los mercados de capitales no modificará esa percepción porque el instrumento subyacente se represente en un libro distribuido.
La cultura financiera y la confianza institucional son variables independientes de la infraestructura tecnológica. El propio BCE reconoce que los hábitos de ahorro construidos durante generaciones pueden resistir incluso a incentivos fiscales y productos simplificados.
La tokenización, por tanto, debe entenderse como una capa de eficiencia dentro de una estrategia más amplia. Los depósitos tokenizados y los fondos del mercado monetario tokenizados ofrecen rendimiento sin salir del perímetro regulado, lo que los posiciona como instrumentos viables para el ahorrador conservador.
Las stablecoins reguladas bajo MiCA proporcionan liquidez digital con respaldo de reservas auditables. La infraestructura de Deutsche Börse y Clearstream acerca los activos tokenizados a los canales institucionales.
Ninguno de estos desarrollos, sin embargo, sustituye la necesidad de programas de educación financiera y de productos que el ahorrador medio comprenda y en los que confíe.
La movilización de los 10 billones de euros no depende de una innovación tecnológica aislada. Depende de la convergencia entre regulación armonizada, infraestructura de custodia madura y alfabetización financiera efectiva. La tokenización aporta la primera capa; las otras dos siguen pendientes.





