El anuncio de dos iniciativas de stablecoins con respaldo institucional masivo ha reavivado el debate sobre la sostenibilidad del duopolio que ejercen Tether (USDT) y Circle (USDC). Por un lado, un consorcio de 21 bancos globales, que incluye a Goldman Sachs, Bank of America, Citi, Deutsche Bank y UBS, planea lanzar un stablecoin denominado en dólares para la primera mitad de 2027.
Por otro, Open USD (OUSD) ha reunido a más de 140 compañías, entre ellas Visa, Mastercard, BlackRock, Stripe, Coinbase y Google, con un lanzamiento previsto para finales de 2026.
Ambos proyectos comparten la premisa de que el respaldo de instituciones financieras y tecnológicas de primer nivel constituye una ventaja suficiente para penetrar en un mercado dominado por dos emisores que controlan, en conjunto, el 83% del suministro total de stablecoins, con USDT en el 59% (187 mil millones de dólares) y USDC en el 24% (75 mil millones). Esta premisa, sin embargo, requiere un examen riguroso a la luz de la dinámica estructural del mercado de stablecoins.
El argumento central que sostiene la viabilidad de estos consorcios es la capacidad de distribución. Utkarsh Ahuja, socio gerente de Moon Pursuit Capital, señala que estos bancos «comienzan con una ventaja que los productos financieros normalmente tardan años en construir: la distribución de productos a clientes corporativos que mueven grandes cantidades de dinero«. En el caso de OUSD, la red de distribución es aún más extensa: Stripe planea adoptarlo como opción de pago predeterminada para empresas en su plataforma, y el consorcio incluye a las principales redes de pago del mundo.
No obstante, la distribución institucional no es equivalente a liquidez y portabilidad. Ahuja advierte que: «las relaciones con los clientes existentes no proporcionan la portabilidad que USDT y USDC han construido entre exchanges, wallets, blockchains y market makers«. Esta distinción es fundamental: un stablecoin puede ser técnicamente accesible para una base de clientes corporativos, pero su utilidad decrece exponencialmente si no puede moverse con la misma eficiencia a través del ecosistema cripto existente.
El caso de Société Générale ilustra esta brecha
Su filial de activos digitales lanzó USD CoinVertible en Ethereum y Solana en 2025; al 4 de septiembre de 2026, su circulación era de aproximadamente 12.55 millones de dólares. Una institución bancaria de primer nivel no logró, por sí sola, generar adopción. Waseem Salim, CEO de Valdora, sintetiza el problema: «Una marca fuerte ayuda, pero la gente no adopta un stablecoin solo porque haya un banco detrás. Necesitan una razón real para usarlo y mantenerlo«.
Los consorcios bancarios enfrentan un riesgo adicional: la fragmentación de liquidez. Jerald David, CEO de Lynq Network, observa que «la interoperabilidad será más importante que la emisión. Si el dinero puede entrar fácilmente al token pero no puede salir con la misma eficiencia o moverse entre redes, el consorcio corre el riesgo de crear otro pool de liquidez aislado«. Un stablecoin que opera predominantemente dentro del ecosistema de un consorcio bancario, sin una integración profunda con el resto del mercado cripto, se convierte en un instrumento de liquidación interna en lugar de un medio de intercambio global.
Open USD introduce una innovación en el modelo de incentivos que podría mitigar algunos de estos problemas. A diferencia del modelo tradicional donde el emisor retiene la totalidad de los ingresos de las reservas (principalmente bonos del tesoro estadounidense), OUSD distribuye la mayor parte de estos ingresos entre los socios participantes, reteniendo solo una pequeña comisión de gestión. Este mecanismo crea un incentivo económico directo para que los socios promuevan activamente la adopción de OUSD en lugar de stablecoins competidores.
La emisión y redención sin comisiones en cualquier volumen elimina un costo de fricción significativo para los participantes institucionales. La gobernanza compartida entre los socios, en lugar de control por un emisor único, busca evitar el riesgo de dependencia de una sola entidad. La estrategia multichain —despliegue en Solana, Stellar, Base y Polygon— apunta a evitar la congestión y los costos asociados con la concentración en Ethereum.
Sin embargo, este modelo de «infraestructura compartida» plantea interrogantes sobre su sostenibilidad económica. La distribución de ingresos reduce los márgenes del operador, lo que podría limitar la capacidad de inversión en desarrollo, seguridad y cumplimiento normativo. Además, la gobernanza compartida entre 140 entidades con intereses potencialmente divergentes introduce complejidades de coordinación que podrían ralentizar la toma de decisiones en momentos críticos.
El consorcio bancario ha manifestado su intención de cumplir con la ley GENIUS Act de Estados Unidos y el marco MiCA de la Unión Europea. Este posicionamiento regulatorio podría facilitar la adopción por parte de instituciones financieras tradicionales que requieren contrapartes plenamente reguladas. No obstante, la regulación por sí sola no genera liquidez; la experiencia de los emisores regulados existentes demuestra que el cumplimiento normativo es una condición necesaria pero no suficiente para la adopción masiva.
La respuesta del mercado a estos anuncios ha sido reveladora
Las acciones de Circle cayeron entre un 8% y un 13% tras el anuncio de OUSD, lo que indica que los inversores perciben una amenaza competitiva real. Sin embargo, Jeremy Allaire, CEO de Circle, minimizó el impacto, afirmando que «los stablecoins representan una de las mayores oportunidades de mercado a nivel global» y que «acogemos con satisfacción la continua innovación y competencia en este espacio».
El consorcio bancario planea su lanzamiento para 2027, mientras que OUSD apunta a finales de 2026. Para entonces, el mercado de stablecoins podría haber superado los 316 mil millones de dólares actuales, con USDT y USDC potencialmente habiendo consolidado aún más sus posiciones. El plazo regulatorio de 2028, cuando las plataformas estadounidenses deberán eliminar stablecoins no conformes, podría favorecer a los emisores regulados, pero no garantiza que los nuevos entrantes capturen una participación significativa.
El análisis de la dinámica competitiva sugiere que el escenario más probable no es el desplazamiento de USDT y USDC, sino una expansión del mercado total con una redistribución marginal de la participación. Los nuevos entrantes podrían capturar segmentos específicos: el consorcio bancario, el de pagos institucionales y liquidación entre bancos; OUSD, el de comercio electrónico y pagos empresariales a través de sus socios como Stripe y Visa.
No obstante, para que estos escenarios se materialicen, los consorcios deberán superar el problema del arranque en frío: lograr suficiente liquidez y volumen de transacciones para ser considerados alternativas viables. La mera existencia de un token no genera adopción; se requiere un ecosistema de exchanges que lo listen, wallets que lo soporten, protocolos DeFi que lo integren y market makers que provean profundidad.
En definitiva, la capacidad de los stablecoins con respaldo global para desafiar a USDT y USDC dependerá menos del prestigio de sus patrocinadores y más de su capacidad para resolver el problema de distribución y liquidez en un mercado donde la ventaja del primero en moverse está profundamente arraigada.
La historia de los intentos previos de emisores institucionales sugiere que el camino es empinado; la escala del consorcio de OUSD y la profundidad de capital del consorcio bancario ofrecen razones para un optimismo cauteloso, pero no para una certeza de éxito.
La competencia en el mercado de stablecoins está entrando en una fase donde la emisión se ha commoditizado y la distribución se ha convertido en el campo de batalla principal. Los nuevos consorcios representan un intento de controlar colectivamente esa distribución. El resultado de este experimento determinará si el duopolio actual es una estructura de mercado estable o una fase transitoria hacia un ecosistema más fragmentado y competitivo.





