La fiscalía holandesa vendió las criptomonedas incautadas a Knaken, una plataforma neerlandesa declarada en quiebra el 16 de julio por un tribunal de Rotterdam, y recaudó $2,5 millones (€2,2 millones) para distribuir entre los acreedores.
El síndico designado por el tribunal, Carl Hamm, estima que los clientes habían depositado entre $12 millones y $14 millones en Knaken, lo que convierte a los fondos de esa venta en el único activo disponible en la masa concursal. Hamm escribió a unos 6.300 clientes pidiéndoles que moderaran sus expectativas de recuperación.
La brecha entre lo invertido y lo recuperado tiene una explicación estructural. Por cada €100 en Bitcoin, Knaken cobraba €1 de comisión y compraba una posición de €99 en un exchange a su propio nombre. Los clientes veían un saldo en criptomonedas en su cuenta, pero lo que realmente tenían era un derecho en euros frente a una empresa que operaba sin licencia regulatoria y que, según Hamm, mezcló inversiones y gastos operativos en una misma cuenta durante años.
El abogado de uno de los afectados cuestionó públicamente si la fiscalía tenía potestad para vender esos activos, comparando la situación con la quiebra de un garaje que liquida los autos de sus clientes. Los fiscales confirmaron que actuaron bajo una disposición que permite vender bienes incautados susceptibles de perder valor, sin dar mayores detalles. Knaken, que llegó a patrocinar clubes de fútbol como Feyenoord, Sparta y Ajax, nunca informó sus dificultades al banco central holandés.
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