La tokenización de activos reales avanza en América Latina: ¿llega la democratización de la inversión?

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Los mercados financieros de América Latina arrastran fallas estructurales desde hace décadas. La inflación crónica destruye el poder de compra. Las monedas locales pierden valor frente al dólar en ciclos cada vez más cortos. Los bancos tradicionales excluyen a la mayoría de las pequeñas empresas del crédito productivo.

Una brecha de financiamiento de 5,2 billones de dólares separa al 70 % de los micro, pequeños y medianos empresarios de los recursos que necesitan para crecer. Frente a ese escenario, la tokenización de activos reales —conocidos por las siglas RWA— empieza a mostrar resultados concretos.

Los datos de 2025 y 2026 indican que la tecnología de registro distribuido deja de ser una promesa abstracta y se convierte en una vía operativa para fraccionar la propiedad, reducir costos de emisión y conectar activos locales con liquidez global.

La adopción de criptoactivos en la región creó las condiciones previas para este desarrollo. América Latina registró un volumen de transacciones con criptomonedas superior a los 730 000 millones de dólares en 2025, un 60 % más que el año anterior.

Las stablecoins, en particular, operan como rieles financieros paralelos: representan más de la mitad del intercambio con las principales monedas fiduciarias de la zona. Millones de personas utilizan USDT y USDC para ahorrar, enviar remesas y liquidar pagos comerciales.

Esa familiaridad con los activos digitales preparó el terreno para productos más complejos, como los tokens respaldados por bienes inmuebles, facturas, materias primas o instrumentos de deuda privada.

El impulso regulatorio más definido proviene de Brasil

La Comisión de Valores Mobiliarios reportó un crecimiento del 500 % en las emisiones de tokens de activos reales entre 2023 y 2024. El Banco Central integró la tecnología blockchain en el núcleo de su infraestructura financiera mediante el proyecto DREX, una moneda digital de banco central diseñada para liquidar operaciones tokenizadas.

Los bancos comerciales, como Itaú y ABC Bank, tokenizan préstamos corporativos y otros instrumentos crediticios en redes empresariales. Las cifras consolidan la posición brasileña: el país superó los 5400 millones de reales en activos tokenizados, equivalentes a cerca de mil millones de dólares. Las blockchains XDC Network y XRP Ledger acaparan el 49 % y el 31 % respectivamente de ese mercado institucional, debido a sus características de cumplimiento normativo y eficiencia en la liquidación.

Argentina representa el segundo foco de acción, aunque con un enfoque distinto. La Comisión Nacional de Valores apostó por un modelo de reglas claras antes de que el mercado alcance una masa crítica.

Creó un sandbox específico para activos tokenizados y, en 2025, el mercado local creció más del 100 %, hasta una capitalización de 30 840 millones de dólares. Las autoridades presentaron nuevas propuestas en 2026 para ampliar el perímetro de instrumentos financieros que pueden utilizar tecnología de registro distribuido.

Esa claridad normativa atrae a plataformas como Ripio, que expandió sus servicios de tokenización, y a proyectos que fraccionan materias primas, como litio y productos agrícolas, dos sectores clave de la economía argentina.

Los números globales confirman la tendencia. El mercado latinoamericano de tokenización de RWA generó ingresos por 387,1 millones de dólares en 2024 y las proyecciones sitúan la facturación por encima de los 1600 millones de dólares hacia 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 22,7 %.

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En 2025, el valor estimado de los activos tokenizados ascendió a 290 millones de dólares y las previsiones para 2026 apuntan a 350 millones. Estas magnitudes resultan modestas si se comparan con los mercados de capitales tradicionales, pero la velocidad de adopción supera la de otros productos financieros de la región.

Las plataformas que ejecutan estas operaciones pertenecen en su mayoría a empresas nativas de criptoactivos que encontraron un encaje con la demanda local. Liqi Digital Assets se especializa en tokenizar créditos corporativos brasileños. Mercado Bitcoin anunció planes para tokenizar más de 200 millones de dólares en activos durante 2025.

Reental e InvestWe operan en México y Colombia y ofrecen fracciones de bienes raíces con tickets de entrada mínimos. Un inversor minorista puede adquirir una porción de un inmueble por el equivalente a cien dólares. Ese mecanismo de propiedad fraccionada constituye la expresión más directa de la democratización que promete la tecnología.

El acceso al capital para empresas que el sistema bancario ignora compone el segundo vector de inclusión. Las pymes convierten sus cuentas por cobrar en tokens digitales y los colocan entre inversores que buscan renta fija de corto plazo.

La eliminación de intermediarios tradicionales reduce los costos de emisión y acorta los plazos de liquidación. Por primera vez, una fábrica textil en Medellín o una cooperativa agrícola en Salta pueden financiar su capital de trabajo conectándose a fuentes de liquidez globales, sin depender de las sucursales bancarias locales ni de garantías hipotecarias que no poseen.

La conexión con la liquidez internacional representa un tercer efecto relevante. Los emisores tokenizan activos denominados en moneda local o en dólares y los ponen a disposición de compradores en cualquier jurisdicción, durante las veinticuatro horas del día.

Esa apertura reduce la dependencia de los sistemas financieros domésticos, a menudo ilíquidos y concentrados en pocos agentes. El mecanismo funciona también en sentido inverso: inversores latinoamericanos acceden a instrumentos del exterior que, de otra forma, exigirían cuentas en el extranjero y montos mínimos prohibitivos.

Sin embargo, el camino hacia una democratización profunda enfrenta obstáculos concretos. La liquidez en el mercado secundario sigue siendo muy escasa. Un inversor compra tokens de un inmueble o de una factura comercial, pero carece de un mercado organizado donde vender su posición de manera ágil.

Esa limitación desalienta la participación de carteras institucionales y mantiene los volúmenes concentrados en colocaciones primarias. La profundidad de los libros de órdenes depende del desarrollo de exchanges regulados y de creadores de mercado dispuestos a operar con spreads razonables.

La validez legal de los contratos inteligentes tampoco está resuelta de manera uniforme. Varias jurisdicciones aún no reconocen la transferencia de propiedad mediante tokens como un acto jurídico pleno. La ejecución forzosa en caso de incumplimiento requiere procedimientos judicales tradicionales, lo cual introduce fricción y costos imprevistos.

La interoperabilidad entre distintas blockchains añade otra capa de complejidad: un activo emitido en XRP Ledger no se transfiere con facilidad a un entorno compatible con Ethereum Virtual Machine, y esa fragmentación técnica frena la formación de un mercado regional integrado.

La educación de los inversores minoristas también representa una tarea pendiente. Muchos compradores no distinguen entre un token de utilidad y un token que representa derechos sobre un activo subyacente. Las revelaciones de riesgo, las auditorías de los activos reales y la custodia de los respaldos exigen estándares que apenas comienzan a consolidarse. Las plataformas serias incorporan informes de verificación externa y publican los contratos de emisión en repositorios públicos. Esas prácticas, sin embargo, no son homogéneas.

A pesar de las limitaciones, la dirección del proceso es inequívoca. La combinación de un sistema financiero tradicional que deja fuera a millones de agentes económicos, una base amplia de usuarios familiarizados con criptoactivos y marcos regulatorios cada vez más específicos crea las condiciones para que la tokenización de activos reales se consolide. Las proyecciones indican que el mercado latinoamericano de RWA mantendrá una tasa de expansión superior al 20 % anual durante los próximos años.

Si los mercados secundarios ganan profundidad y los estándares legales se homologan, la tokenización reconfigurará el acceso al capital en la región. La democratización de la inversión no llega como un discurso altisonante: llega como una sucesión de emisiones, transacciones y contratos inteligentes que operan en blockchains reales y que, poco a poco, convierten activos ilíquidos en valores divisibles, transferibles y accesibles para cualquier persona con una conexión a internet.

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