Puntos claves de la noticia:
- Setenta economistas urgen a la UE a priorizar un euro digital.
- El euro digital requiere alta privacidad y límites de tenencia útiles.
- Transacciones piloto podrían comenzar a mediados de 2027.
Setenta economistas europeos firman una carta abierta y presionan a los legisladores de la Unión Europea para priorizar un euro digital público frente al avance de stablecoins privadas respaldadas por el dólar.
El texto, difundido por el Sustainable Finance Lab de la Universidad de Utrecht, alerta sobre un riesgo concreto: decisiones de diseño deficientes pueden dejar a Europa dependiente de sistemas de pago extranjeros y de emisores no europeos.
El mensaje llega mientras el Parlamento Europeo avanza hacia la fase final de una legislación que definirá si el proyecto se convierte en una herramienta útil o queda reducido a un gesto político sin impacto práctico.
Los firmantes describen una realidad operativa precisa. Trece países de la zona euro ya dependen por completo de redes internacionales de tarjetas para transacciones minoristas básicas. Tal dependencia expone a ciudadanos, empresas y gobiernos a presiones geopolíticas, intereses comerciales externos y riesgos que escapan al control europeo.
Mientras Bruselas debate, monedas digitales privadas con respaldo estadounidense ganan espacio en pagos cotidianos y comercio digital. El documento sostiene que la inacción refuerza esa asimetría.
Reglas claras para un euro digital funcional
La carta exige tres características esenciales. Primero, el euro digital debe actuar como columna vertebral de una infraestructura de pagos soberana, apoyada en proveedores europeos y con estándares de privacidad elevados.
Segundo, debe operar como dinero público digital accesible para toda la población, con impacto directo en inclusión financiera. Tercero, requiere límites de tenencia generosos y crecientes, capaces de convertirlo en un depósito de valor creíble. Sin esas condiciones, los economistas anticipan un resultado pobre.
El texto plantea un escenario directo. Si empresas pueden rechazar el instrumento o si los límites de tenencia resultan demasiado bajos, el euro digital pierde utilidad práctica. La pregunta central no admite ambigüedad: quién controla el dinero europeo en la era digital. La carta evita retórica y se apoya en hechos operativos y de mercado.
Voces del Banco Central Europeo refuerzan el argumento desde otro ángulo. Philip Lane, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, expone en enero ante la Sociedad Económica Danesa una visión integrada del proyecto.

Lane vincula el euro digital con cambios estructurales como digitalización y tensiones geopolíticas, y lo presenta como dinero del banco central en formato digital para pagos minoristas. En paralelo, aborda la escasez de activos seguros denominados en euros, una limitación que reduce el atractivo global de la moneda.
Lane describe opciones concretas para ampliar la oferta de activos seguros, entre ellas bonos comunes europeos destinados a bienes públicos y un esquema de bonos azules y rojos, respaldados por ingresos fiscales delimitados. El objetivo apunta a reducir costos de financiación mediante una base más amplia de deuda compartida.
En el plano operativo, el BCE avanza. Tras la decisión de octubre, el proyecto entra en fase de preparación técnica. Christine Lagarde confirma en fechas recientes que el banco concluye su trabajo técnico y traslada la responsabilidad a las instituciones europeas. Piero Cipollone señala que pruebas piloto pueden iniciar a mitad de 2027 y que una primera emisión resulta viable en 2029 si el marco legal recibe aprobación.
Soberanía, no represión: Cómo un euro digital público podría madurar el ecosistema cripto
El impulso por un euro digital público responde a una preocupación profunda sobre la soberanía monetaria europea. Con trece países del área del euro dependiendo exclusivamente de redes internacionales como Visa o Mastercard para transacciones cotidianas, y con stablecoins respaldadas en dólares ganando terreno en pagos digitales, Europa enfrenta un riesgo tangible: perder el control sobre su propia infraestructura financiera.
Los setenta economistas que firmaron la carta abierta no proponen una solución tecnológica por moda, sino una defensa estratégica frente a presiones geopolíticas y dependencias comerciales externas. En ese contexto, el euro digital no es un experimento, sino una herramienta de autonomía.


